Nuestros Héroes/Historias de Milagros

Julian Manos

En Febrero del 2013, Ryan Manos estaba estacionado en una base del Ejército de los Estados Unidos en Indiana, preparándose para ser enviado a Afganistán. Su esposa Mayra estaba embarazada de cinco meses en su casa de Brownsville en Tejas y estaba de camino a una cita para un sonograma. La imagen de su segundo hijo iba a ser un regalo para Ryan antes de que se fuera del pais.

En lugar de eso, el doctor de Mayra le informó de que el corazón del bebé era tres veces más grande de lo que debiera ser. Se estaba acumulando líquido en sus pulmones. “Tu bebe se está muriendo dentro de ti” le dijo el doctor.

Veinticuatro horas más tarde, Mayra llegó a la Clínica Materno Fetal del Hospital pediátrico Driscoll en Spohn South. Se le puso bajo los cuidados del grupo especialista en medicina materno fetal de Driscoll. Su primera tarea fue una de alto riesgo pero necesaria para darle al bebé una oportunidad de sobrevivir: una transfusión de sangre intrauterina. Y tenían que empezar enseguida.

Las complicaciones del bebé eran debido a un eritema infeccioso (Quinta enfermedad), una enfermedad de la infancia de la cual Mayra había dado positivo y típicamente causa solo síntomas parecidos a los de la gripe. No obstante, para bebés no nacidos, la exposición a la enfermedad puede ser fatal.

“El bebé no produce glóbulos rojos y se pone anémico” dice el doctor de Driscoll Ryan Loftin, un especialista materno fetal. “El corazón tiene que bombear más fuerte y más rápido. Llega el momento en que se produce una insuficiencia cardiaca y se acumula liquido en el corazón”

Esta era la fase en que el bebé de Mayra se encontraba cuando ella llegó. En los dos días que siguieron, el equipo de Driscoll gradualmente reemplazó el volumen entero de sangre del bebé. Después de la transfusión final, su función del corazón empezó a mejorar dramáticamente.

Mayra permaneció bajo los cuidados de los especialistas materno fetales de Driscoll durante otro mes. El 16 de mayo nació Julián Manos, pesando 6 libras y 7 onzas – sin daño cerebral, sin incapacidades y sin retrasos del desarrollo.

Hoy Julián es un precoz niño de 18 meses que, junto con su hermano mayor Aden, aseguran que la vida en la casa de la familia Manos nunca sea aburrida. “No puedo esperar a contarle a Julián la historia”, dice Mayra. “Como sobrevivió cuando nadie sabía si lo haría, y como tantas personas ayudaron a que esté donde está hoy. Gracias a Driscoll, se le dio el regalo de la vida.”


Mykayla Pineda

Mykayla Pineda junta sus pequeños dedos y pulgares, levantándolos cada vez más alto mientras su padre, John, canta suavemente “The Itsy, Bitsy Spider”. La madre de Mykayla, Monique, sonríe mientras mira.

Es una escena que ni Monique ni John se hubieran podido imaginar hace 18 meses. Mykayla nació 10 semanas antes de tiempo, pesando tan solo una libra y 11 onzas. La hija de John cabía en la palma de su mano. Mykayla también nació con labio leporino unilateral y paladar hendido.

Después de su nacimiento, los Pineda fueron transferidos directamente a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (NICU en inglés) en el Hospital Pediátrico Driscoll. Desde el momento en que llegó, Mykayla se ganó la reputación de luchadora. Respiró sola. Sin oxígeno. Sin intubar. “Su apodo en NICU era “Feisty” (Combativa)” dice John, “Cada vez que dijeron que ella no podría hacer esto o aquello, ella lo hizo”

El progreso llegó en fases. A las 4 semanas, las enfermeras sacaron el tubo de alimentación de Mykayla. A los tres meses, se fue a casa pesando 3 libras y 13 onzas. Aun así, quedaban muchos obstáculos.

En los últimos doce años, el Dr. Kevin Hopkins ha desarrollado el programa cráneo facial de Driscoll, el único en el Sur de Tejas. “Uno de cada 600 bebés nace con labio leporino o con paladar hendido” él explica “Es una enfermedad congénita que puede requerir múltiple cirugías durante los años de crecimiento y desarrollo del niño.”

La primera cirugía de Mykayla tuvo lugar el 11 de Enero del 2014, cuando tenía 7 meses y medio de edad, reparando sus labios y el orificio de la nariz. Su segunda cirugía tuvo lugar tres meses más tarde, para cerrar el paladar. Monique y John saben que harán falta muchas más cirugías durante la niñez de Mykayla, pero confían en su equipo de apoyo en Driscoll.

“Estábamos preparados para llevar a Mykayla dondequiera que necesitara ir” Y solo necesitamos venir aquí mismo a Driscoll,” dice Monique.

Hoy, los Pineda comparten lo que han aprendido de su experiencia. Establecieron una fundación llamada Mykayla’s Gift (El regalo de Mykayla) que educa y apoya a familias semejantes cuyos hijo(a) tienen labios leporinos y paladares hendidos.

“Es debido a Mykayla que hemos conectado con tanta gente”, dice Monique. “Mykayla nos ha cambiado a nosotros, a nuestro hijo y a nuestras vidas para siempre”.


Armando Gómez

Our Heroes - Armando Gomez

Cuando Mónica y Armando Gómez se enteraron de que Mónica estaba embarazada con su séptimo hijo(a), estaban tan felices como lo habían estado la primera vez. Desgraciadamente, su alegría duró poco; cuando Mónica estaba de 20 semanas, un ultrasonido reveló que los riñones del bebé no estaban funcionando.

Una condición llamada Síndrome de Potter impedía que el cuerpo de Mónica produjera líquido amniótico, la sustancia vital y esencial para el desarrollo de los pulmones y los riñones. El primer doctor de Mónica les dijo a los Gómez que su hijo(a) tenía pocas posibilidades de supervivencia una vez nacido. Mónica y Amando tomaron una decisión – rezar, mantenerse positivo y dejar el resultado final en las manos de Dios.

Pronto, fueron referidos al Dr. Miguel DeLeon, director médico de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (NICU en inglés) del Hospital Pediátrico Driscoll. Por primera vez, también se les dio esperanza.

“Hace diez años, realmente no había posibilidades de supervivencia para estos bebés” explica el Dr. DeLeon. “La buena noticia es que ahora hay esperanza para niños con Síndrome de Potter gracias a la detección temprana y cuidado prenatal más efectivo. Y para aquellos bebés que necesitarán un nuevo riñón una vez que alcancen la edad suficiente, podemos hacer esos trasplantes aquí mismo con nuestro programa de trasplantes de Driscoll”.

El 1 de Marzo del 2013, nació Armando Gómez IV. Pesó 6 libras con 7 onzas, más grande de lo que esperaba el equipo médico. Una buena señal. Tan pronto como se le trasladó a Driscoll, un extenso equipo multidisciplinario trabajó para poner los pulmones de Armando en mejor forma.

En las primeras dos semanas de su vida, Armando tuvo seis cirugías, ayudándolo a hacer la transición a una forma de diálisis que la familia pudiera hacer por sí mismos. Dos meses después de nacer, Armando llegó a casa. Dos padres agradecidos y seis hermanos cariñosos se turnan para cuidar y entretener a su nueva adición.

“Él es nuestro milagro y no le tendríamos sin el Dr. DeLeon y todos en Driscoll”, explica Mónica. “Algunas veces tomo a Armando en mis brazos y me río. A veces lloro. A veces solo lo miro y no puedo creer que él está aquí”.